viernes, 27 de febrero de 2009

CRISTINA. QUÉ GRANDE SOS

Las medidas de protección al comercio, a la industria, a la producción, se dan en el contexto de una crisis generada por la avaricia de la acumulación capitalista. Lo que se pintó como "Libre-competencia" siempre ha sido nomás un reparto del (dios) Mercado entre los mas poderosos que se afanan por ver quién se queda con la porción más grande de la producción y de la ganancia.
La angurria, la desesperación por embuchar más y mas descontrolada y desreguladamente provoca el gran caos en que se han sumido y al que nos han arrastrado.
Entonces llaman al Papá Estado para que sea Bueno. Lo combatieron en los ochentas, criticaron aquél Estado Benefactor, lo mandaron a la cucha diciendo que no debía asumir tareas propias de la iniciativa privada porque el Estado es mal administrador. Una década antes, los militares golpistas del 76 y sus intelectuales orgánicos, fundamentalistas liberales como José Alfredo Martínez de Hoz, hablaron de intervencionismo liberticida y comenzaron la poda de un Estado que, para ellos, estaba sobredimensionado.
Pero cuando las papas queman van y exigen que el Estado les otorgue, les de, los ampare, los exima del pago, etc.
Ahora bien. En un contexto de crisis, de inestabilidad de precios, donde el neoliberalismo ya ha hecho el gran descalabro producto de su incontinencia por la acumulación, el Estado debió salir a intervenir para salvaguardar el consumo que asegure la producción, con viejas recetas remozadas: planes de canje, inversión en obra pública, etc. Pero, en un mercado tan inestable de qué manera se asegura la producción y la venta? Otra vez el Estado asegurando al productor que no pierda su producción, se hace cargo el Estado, le asegura la venta y un precio justo.
Ya salieron a vociferar los terneros neoliberales, no hay una que les venga bien.
Porque sino cómo se explica la nota de www.argentinaexporta.com copiada mas abajo?




www.argentinaexporta.com

Tal como anticipara en mi último informe, los datos estadísticos del mes de enero indicaron una caida del 36% en las exportaciones, con lo cuál los montos se asemejan a los obtenidos en los años 2006/7 superando apenas los us$ 3.000 millones, pero sin duda alguna convergen muchos factores para analizar el porque de este rendimiento.

Fundamentalmente, la baja en las exportaciones registrada en enero de 2009 con respecto a igual mes del año anterior fue el resultado de las menores ventas de todos los rubros. El mayor descenso correspondió a los denominados productos primarios, cuyas ventas registraron una reducción del 56%, debido a las caídas en las cantidades exportadas (-40%) y en los precios de exportación (-27%).

Pero más allá de lo que demuestran las estadísticas, se verifica todavía la carencia de una planificación que esté por encima de las coyunturas,
da la sensación de que se resuelven cuestiones cuando los hachos ya acontecieron; en el escenario aparecen el próximo mes de abril con la reunión del G20 donde se va a discutir permanecer en la lucha contra el proteccionismo y el presidente norteamericano anunciando la posibilidad de reducir los subsidios al negocio agroexportador, mientras tanto en Argentina se aplican trabas al comercio intraregional y se sigue discutiendo el tema de las retenciones, que con seguridad en el presente año no aportará los fondos necesarios a las arcas del estado por una previsible (y ya demostrada) caída en las ventas externas.

Por lo tanto, se insiste en lo fundamental, planificar desde el estado políticas que lógicamente prevean la coyuntura, pero que vizualicen el escenario post-crisis y el mantenimiento en el tiempo de lo pactado a nivel internacional para dotar al país de seguridad jurídica y previsión en los negocios.

La presencia del estado en una intervención regulatoria, en lo que se refiere al funcionamiento de las relaciones comerciales internacionales de nuestro país, ha sido muy cambiante a lo largo de nuestra historia. En una breve sinopsis, si nos remontamos al inicio de nuestra historia como país, en la lucha entre federales y unitarios, ya se estaba referenciando la concentración del ingreso y egreso de mercaderías por el puerto de Buenos Aires, relegando en muchas ocasiones el desarrollo de las economías del interior.

Un poco más acá en el tiempo, con el comienzo del siglo XX se podría mencionar como el inicio de una serie de adopción de modelos de un perfil exportador muy básico, estrechamente ligado a acuerdos poco favorables a nuestro país y en consonancia con planes de explotación de nuestras riquezas naturales en provecho de potencias extranjeras.

No obstante, las sucesivas crisis económicas y guerras internacionales que sacudieron al planeta, pusieron al mundo en una actitud proteccionista, donde aparecieron distintas trabas y barreras a un todavía incipiente comercio internacional, que podemos encontrar en aranceles de importación muy elevados, en relaciones inexistentes debido al deterioro bélico, o bien a economías que debían sostener fuertemente las industrias nacionales para generar empleo y fortalecer sus economías internas.

Pero ya cercano el fin de la segunda guerra mundial, se empezaron a establecer negociaciones tendientes a modificar esa postura proteccionista y de mercados cerrados, para generar una apertura de fronteras y del comercio internacional en su conjunto, apostando por la eliminación de las barrearas arancelarias y por un comercio más justo.

Aparecen en escena organismos internacionales como el GATT (hoy OMC) FMI, Naciones Unidas y Banco Mundial, donde se intentaron plasmar ideales de reglamentar y unificar los niveles de intercambio, a costa de fuerte presiones de las potencias dominantes, y procesos intervencionistas de estos organismos por lo general en países de menor desarrollo económico relativo; si bien se proclamaba un ingreso a una apertura de fronteras, en líneas generales se optaba por aceptar aquellos procesos de negociación y reglas de juego que establecían las economías de los países triunfantes en la última gran contienda internacional.

En esa época, en nuestro país, la aparición del Justicialismo como una novedad en el poder, intentaba generar un proceso de sustitución de importaciones y fortalecimiento de la industria nacional, mientras tanto en el ámbito internacional ya se empezaban a gestar los primeros procesos de integración.

Así, la conformación de la Unión Europea se fue haciendo realidad, mientras que por aquí aparecen procesos de integración como ALALC (hoy ALADI), y convenios bilaterales de cooperación. Argentina se debate entre gobiernos constitucionales y de facto, revoluciones libertadoras, marchas y contramarchas no ajenas a lo que pasaba en el resto del continente latinoamericano, la década del ´70 encuentra al hemisferio sur y central (con algunas excepciones) sumida en un proceso de intervencionismo militar auspiciado y apoyado por los Estados Unidos.

Hasta aquí, los procesos de cambio demandaban tiempo y sus consecuencias se implantaban lentamente en el tiempo. Con la caída del muro de Berlín, el “aggiornamiento” de la ex Unión Soviética y el consecuente movimiento (algunos suponen desaparición) del comunismo hacia nuevas formas de manifestación, los cambios se aceleraron y se hicieron más notorios y ejecutivos.

La década del ´80 trajo como novedad que la potencia hegemónica dominante considerara que la época del intervencionismo concluyera, dándole paso a la apertura de procesos democráticos que fueron lentamente cambiando el mapa político de América, mientras que se empezaba a dibujar un proceso de integración de América en su conjunto que no llegó a cristalizarse.

Los procesos de integración iban ganado terreno y especialización en el mundo, ya Europa, Asia y América contaban o bien con procesos avanzados o con proyectos de conformación de nuevas alternativas de asociatividad, y las trabas al comercio y altos aranceles iban perdiendo terreno antes las políticas establecidas desde el GATT/OMC.

Ya más cercano en el tiempo, la creación del Mercosur, el NAFTA, el fracaso del ALCA, el fortalecimiento de los diferentes procesos de integración en Europa y Asia, fueron provocando que las negociaciones ya se promovieran en bloque y no individualmente.

En el escenario, aparecen fuertemente la permanencia de subsidios a los productores de los países desarrollados, el “castigo” con penalidades de ingreso para las economías de menor desarrollo en mercados más importantes (a pesar del Sistema Generalizado de Preferencias y del mantenimiento de las políticas de libre comercio mencionadas líneas arriba) y la generación de otros objetivos-meta de los países económicamente más desarrollados relacionados con el dominio del petróleo y otros recursos naturales.

Por estas tierras, con la aparición de la democracia, fuimos lentamente adaptándonos a las nuevas reglas del juego internacional, el gobierno de Alfonsín instala el punto de partida del Mercosur, mientras va eliminando gradualmente algunas barreras no arancelarias que se mantenían (como Licencias de Importación) pero aún con un alto nivel de aranceles, luego la asunción del gobierno de Menem genera un proceso aún mayor de apertura, la confirmación del Mercosur y una política de alineamiento “carnal” con los Estados Unidos.

Luego, la historia reciente esta aún fresca; el advenimiento de la Alianza al gobierno estableció no sólo la debacle institucional y el ingreso de nuestro país al default, sino que lo sumió en una de sus más graves y precarias situaciones en lo que a relacionamiento externo se refiere.

La sucesión de cinco presidentes, la transición y el advenimiento del actual gobierno, no han modificado mucho las cosas: si bien se mantiene un interesante crecimiento de los niveles de intercambio (especialmente de las exportaciones) que posicionó a nuestro país en niveles record, aún permanecen las retenciones a la exportaciones, la carencia total y absoluta de una planificación del comercio internacional y de las relaciones externas, deambulando en ese sentido entre decisiones muy poco claras, procesos de marchas y contramarchas y un estado beligerante en algunos de nuestros funcionarios que poco (o nada) ayuda a la imagen de nuestro país, y que de acuerdo a las actuales características del escenario mundial actual pueda mantenerse en un crecimiento sostenido.

Revisando la historia de los ´90, el fracaso del ALCA hizo que los Estados Unidos focalizaran sus esfuerzos (muy a su pesar y con escasa receptividad en su propio país) en la creación y firma de tratados bilaterales, alentando una suerte de generalización de acuerdo con la “plataforma Pacífico” del continente formado por Colombia Ecuador y Perú (los países que todavía se mantienen en la CAN) que junto a Chile son los países del hemisferio de mejores relaciones mantienen, no lográndola aún con la “Plataforma Atlántico” (mas “enfrentado” que lo conforman los países del Mercosur más Venezuela y Bolivia.), dividiendo en la práctica a América del Sur en dos ejes.

En el ámbito interno, la anexión de Venezuela como nuevo integrante del Mercosur, (aún muy lejos de serlo en la realidad, más allá de los anuncios rimbombantes y las fotos/declaraciones de “ocasión”) y las quejas de los socios menores, han sumido a nuestra Unión Aduanera Imperfecta en un cono de incertidumbre, no logrando una coherencia de avance y crecimiento, a punto de cumplirse los 15 años de la firma del tratado de Ouro Preto.

Hoy, crisis económica mundial mediante, tenemos una nueva tendencia al neoproteccionismo, disfrazada en el mantenimiento de reglas de libre comercio, pero con la aplicación de medidas anti-dumping, o la aparición de medidas no arancelarias que no prohíben el ingreso al mercado, pero su prácticamente improbable ejecución generan una barrera imposible de franquear. Lógicamente, esto se vió agravado por la actual crisis económica mundial y se visualizan en ese aspecto distintas tendencias de proteger los mercados internos (por caso, EE UU incorporó con la asunción de Obama al poder el “compre nacional” perjudicando de este modo el ingreso de productos foráneos)

Pero, la pregunta que debemos hacernos es ¿qué nós depara el futuro ante tales circunstancias?

Atado a estos fenómenos, la multiplicación de acuerdos de libre comercio ha devuelto la vigencia de la pregunta sobre si la in­tegración económica promueve el crecimiento y la inversión o, en su caso, la sustitución anticompetitiva de proveedores internacionales por regionales, y la creación o desvío de comercio constituye uno de los puntos de investigación y atención más importantes dentro de nuestro regionalismo en lo que a procesos de integración se refiere: los efectos en los términos de intercambio y en las economías de escala, el comportamiento de las barreras no arancelarias y las particularidades de las zonas de libre comercio respecto al modelo de unión aduanera, y la influencia que esto conlleva a los puntos antes mencionados.

A priori, podemos decir que ningún acuerdo crea o desvía comercio en su totalidad, combina ambas tendencias en proporciones variables y su balanza puede modificarse con el paso del tiempo. En ese sentido, con independencia del lugar donde se genere la desviación (normalmente en una o varias industrias), para que el modelo sea positivo es condición suficiente que el índice de creación de comercio supere al de desviación.

Esta particularidad no expresa los únicos efectos de la unión de mercados, su influencia recae en la norma que se ratifica la legalidad de los acuerdos comer­ciales preferenciales, mencionado en el artículo XXIV del Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), con continuidad en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Este artículo establece que los aranceles aplicados a terceros países no deben ser mayores ni más restrictivos en las uniones aduaneras que la incidencia general de los derechos anteriores a la definición del arancel externo común, o la regla de origen en las zonas de libre comercio, en ese sentido se puede observar que ninguno de los 124 acuerdos regionales notificados al GATT durante su periodo de vigencia (1948-1994) fue objeto de dictámenes de inconsistencia conforme a dicho artículo.

No obstante y más allá de estos conceptos regulatorios, la creación de uniones aduaneras o zonas de libre comercio generan en si mismo posiciones enfrentadas: el regionalismo favorece los efectos competitivos, o los acuerdos de integración representan un fenómeno esencialmente proteccionista; también que la formación de acuerdos protec­cionistas se beneficia del mayor apoyo político en razón de las presiones de la industria local para impedir su desplazamien­to, para otros la elección del modelo de unión aduanera en lugar de uno de zona de libre comercio estimula la discriminación exterior, o también que gran parte de las áreas de libre comercio y las uniones aduaneras crean comer­cio e inversiones.

El argumento favorable a las zonas de libre comercio es que éstas no buscan la igualación de precios entre los bienes de importación (característica de la unión aduanera), sino una dinámica de competitivi­dad que empuja hacia abajo los aranceles externos del país con mayor protección, aunque podemos mencionar también que las zonas de libre comercio no incrementan la capacidad de represalia de sus miembros, mientras que las uniones aduaneras estimulan el proteccionismo.

En la práctica, sin embargo, las diferencias de ambas alternativas no son tan abismales, a modo de ejemplo en nuestro continente, la CAN y el Mercosur comparten, en mayor o menor medida, las características de un modelo mixto, y la realidad indica que la puesta en práctica del arancel externo común ha provocado que fluctúen entre la proyectada unión aduanera y la realidad de una zona de libre comercio. Ante esta alternativa, aparece la creación del UNASUR como una opción no del todo clara sore cuál es el camino definitivo que los países del cono sur buscan en la asociatividad regional.

En este contexto, un mercado regional caracterizado por la rivalidad de sus industrias es más benéfico que una unión de economías complementarias; su explicación, coherente con uno de los postulados básicos de la economía, relaciona de forma positiva la competencia ínter empresarial y la efi­ciencia productiva, las pérdidas de bienestar imputables a una desviación de comer­cio pueden ser compensadas con las ganancias originadas en la ampliación del mercado. Por ello, se deberá en algún momento en apostar por políticas nacionales que establezcan más o menos integración con nuestros socios.

Por ello, se deduce la necesidad de que los acuerdos involucren a los flujos comerciales más importantes a fin de aminorar el comercio potencialmente objeto de dis­criminación, con tres premisas fundamentales: la unión aduanera o el área de libre comercio más venta­josa es el mundo como mercado (el índice de desviación es igual a cero), la integración con el socio natural (el país con el cual se co­mercia mayoritariamente) tiene más probabilidades de crear comercio, (recuérdese la relación de nuestro país con Brasil y con el resto de los miembros) y se pide adoptar un arancel externo más bajo que el promedio arancelario anterior a la formación del acuerdo, y asegura así la reducción del efecto de desviación.

Con sus excepciones, (cada vez menores) América Latina sigue exportando a los países desarrollados productos básicos, al tiempo que sus manufacturas, incluidas en la categoría de las exportaciones no tradicionales, se encaminan sobre todo a los mercados regionales o al comercio intrazona.

La competitividad de los productos básicos les permite enfrentar en mejores condiciones la amplitud de restricciones arancelarias y no arancelarias que caracterizan al actual mercado mundial, aunque es posible que también haya influido la menor capacidad de absorción de los mercados regionales debido a su tamaño, el paralelismo productivo y la menor diversificación industrial, aunque subsisten todavía negociaciones que tiendan a liberalizar más este comercio para los países de la región, y probablemente de este modo, se genere mas “dependencia” del comercio extrazona de productos primarios. (Aquí vale consignar, como ejemplo, que se esta discutiendo entre el Mercosur y la Unión Europea en la inconclusa Ronda Doha)

Como resultado, se absorbe la producción latinoamericana de bienes intermedios y de consumo, mientras que los países de mayor desarrollo económico relativo proveen de forma mayoritaria los bienes de capital. Nuestro país parece confirmar este diagnóstico. Las exportaciones de productos primarios o básicos elaborados registran un dinamismo mayor cuando se dirigen fuera de América Latina, al tiempo que los bienes manufacturados se exportan más a la región, sobre todo a partir de la entrada en funciones del Mercosur.

Cada vez es mayor el efecto de las barreras no arancelarias, lo cual no es obstáculo para que su importancia haya aumentado al sustituir de ma­nera progresiva la función de los aranceles en el control del comercio internacional, así cuotas, restricciones voluntarias a las exportaciones, reglas de origen estrictas, proliferación de medidas antidumping, barreras técnicas, compras de gobierno y subsidios, entre otros, conforman una red real de obstáculos al comercio. En principio, gran parte de estos instrumentos (de uso unilateral por los países, aunque su uso pocas veces sea admitido) pue­den ser liberalizados, flexibilizados, mantenerse intactos o incluso verse reforzados luego de la formación del acuerdo.

Por lo tanto, el fundamento del futuro análisis de los parametros de integración e internacionalización nacional deben surgir de políticas coherentes, que no sólo observen a la coyuntura de crisis actual, sino que también consideren de antemano cuál puede ser el escenario mundial post-crisis, acompañar procesos de integración y de negociación internacional que permitan superar los obstáculos mencionados y que establezcan a futuro un crecimiento de exportaciones no tradicionales y de mayor valor agregado.

Lic. Néstor Pablo Aleksink
Coordinador General Programa Argentina Exporta
nestor@argentinaexporta.com

1 comentario:

VIDA dijo...

Hola ilustre desconocido, no se quien escribe este blog, pero si me consideras un "ternero neoliberal" estas absolutamente equivocado, te espero con gusto cuando quieras debatir, pero espero no lo hagas desde el anonimato!

Un cordial saludo

Néstor Pablo Aleksink