viernes, 31 de julio de 2009

RODOLFO ORTEGA PEÑA. PRESENTE!


Un 31 de julio de 1974 asesinaron a Rodolfo Ortega Peña.
Como dice el director de cine Luis Puenzo en el documental MALAJUNTA: si un pibe no sabe quién es Massera, es porque no hubo un adulto que le contara quién fue, qué hizo. Parafraseandolo, si un pibe no sabe quién fue, qué hizo RODOLFO ORTEGA PEÑA, ENTONCES HAY QUE CONTÁRSELO:
En 1958 recibe de abogado, tenía por entonces 20 años. Continua estudiando y logra la licenciatura en Filosofía y Letras. Se dedicó a la docencia, también fue historiador. Su preocupación por los Derechos Humanos lo lleó a asumir la defensa de presos políticos y sociales, además de dedicarle su tiempo a su familia, su militancia y los presos políticos, su tarea como historiador y docente, también escribía en las revistas Militancia -donde compartía con Eduardo Luis Duhalde- y De Frente . En Mayo de 1973 asume como diputado por el peronismo de base.

Tenía 38 años cuando la Triple A lo asesinaba en pleno centro (Carlos Pellegrini y Arenales) un 31 de julio de 1974. Ese nefasto día abriría la puerta de tantas muertes la del diputado Rodolfo Ortega Peña.

Los testimonios afirman que los asesinos bajaron de un automóvil Fairlane y asestaron 23 tiros contra él. Su cuerpo quedó tendido en la calle. Ese mismo día, en otro lugar de Buenos Aires, los compañeros de Ortega Peña organizaban un homenaje a los fusilados de Trelew.

El asesinato de este joven abogado, expresión del peronismo revolucionario daba comienzo a la larga lista de crímenes de la Triple A que llevarían al golpe del 24 de marzo de 1976.

Desde antes de la muerte de Perón la situación política era mas que endeble. Los enfrentamientos entre el ala izquierda del movimiento peronista -el peronismo revolucionario- y por el otro lado la derecha compacta y peligrosa. Ezeiza había sido una muestra.

“¿Qué pasa, qué pasa, qué pasa general? Está lleno de gorilas el gobierno popular” había sido la consigna y reclamo de los jóvenes y los no tanto aquél 1º de mayo de 1974, la última oportunidad en que Perón se mostraría en público. Por toda respuesta apagó el reclamo popular con el insulto a los “imberbes”, esos “Estúpidos que gritan” a los cuales les recordó que no tenían ni portaban tradición ni historia dentro del peronismo, pero a los que –hábilmente- había utilizado desde su exilio para negociar con tirios y troyanos su regreso al país.

Ahora ya no los necesitaba..

Primero se fue Héctor “el tío” Cámpora, y uno a uno comenzaron a dejar la función pública dirigentes, y a caer fundamentales militantes populares asesinados. El gabinete se derechizaba. La influencia de “El Brujo” José López Rega era notoria.

Ortega Peña había decidido de qué lado se ubicaba, y esa decisión suya le había costado recibir amenazas y aparecer en la lista que había hecho pública la Triple A: una lista de personas a eliminar.

Era una persona respetada por su compromiso ideológico, pero mas que nada por su ética militante y su coherencia política; profesional de probada capacidad, integridad, idoneidad e inteligencia. Es decir.. era sumamente peligroso.

En los años 60 fue asesor legal de sindicatos. Había leído a Gramsci, -seguramente los complejos quaderni que aquél escribiera desde la cárcel mussoliniana-. Cuando se produjo el golpe de 1966 se jugó por la defensa de compañeros presos políticos. Precursor en la lucha por los Derechos Humanos, hizo punta con agudeza política también a través de sus escritos periodísticos –recordemos su participación en la revista Militancia-.

En 1973 asumió como diputado nacional, y se destacó por el juramento elegido: “La sangre derramada jamás será negociada”. Esta clara toma de posición se vio continuada por la formación de un bloque personal.

Cuando, tras la muerte de Perón -1/7/1974- recrudecieron las amenazas, los secuestros y los asesinatos, un grupo de amigos se acercó para convencerlo de que renunciara y se alejara del país pues peligraba su vida. Él se negó y prefirió seguir peleando desde adentro. Tampoco quiso custodia.

De aquél día en que lo mataron, un testimonio reconstruye los últimos minutos: “Un rato después, Rodolfo salió caminando del Congreso con su compañera Helena Villagra. Fueron caminando por Callao, desde Rivadavia hasta Santa Fe, y allí doblaron media cuadra hacia Riobamba donde entraron en una pizzería, de la que salieron aproximadamente a las 22.15. Con la misma confianza con la que se manejaba, Rodolfo se subió a un taxi que estaba libre parado en la puerta, aparentemente desde hacía un tiempo, y le dio la dirección adonde iban. El taxista repitió en voz alta y de manera notoria “Carlos Pellegrini y Juncal”. Pocas cuadras más adelante, Rodolfo le pidió que apagara la luz interior del coche que el chofer había dejado encendida. Estos y otros datos conocidos con posterioridad nos confirmaron la participación del taxista en el operativo para asesinar a Rodolfo. Al llegar a la calle Carlos Pellegrini y Santa Fe, el taxi dobló y otro vehículo que venía detrás, sin que los pasajeros lo notaran, se atravesó e impidió que los otros automóviles que venían pudieran avanzar por Pellegrini. Al cruzar Juncal el taxi paró y un coche que venía casi a la par se le atravesó. Bajó de él un hombre con una media de mujer en la cabeza y una ametralladora en la mano con la que disparó 23 tiros o más, 8 de los cuales fueron en la cabeza, que hicieron blanco en Rodolfo. Esto nos hizo comprobar que estaban al tanto de las conversaciones mantenidas en su despacho intentando que Rodolfo usara el chaleco antibalas que le había ofrecido el compañero Ricardo Beltrán. En 1975, ya camino a la dictadura, cuando José López Rega había terminado su trabajo siniestro de sangre y de muerte partió hacia Madrid acompañado de sus dos principales cómplices. Ellos eran Morales y Almirón”. (1)

Ortega Peña fue velado en la Federación Gráfica Bonaerense. Fue este el primer gremio nacido como Federación Tipográfica Bonaerense, el 25 de Mayo de 1857, desgajamiento (1907) de la Sociedad Tipográfica Bonaerense . Todas las corrientes políticas pasaron por ese gremio: anarquistas y libertarios eran los que en 1878, con el nombre de Unión Tipográfica, hicieron la primera huelga obrera del país. Lograron así reducir la jornada de trabajo a 10 horas en invierno y evitar el trabajo de niños en los talleres.

Los militantes gráficos enfrentaron la Ley de Residencia sancionada en 1902 para expulsar a sindicalistas extranjeros. El 3 de mayo de 1907, cuatro sindicatos se unieron para fundar la Federación Gráfica Bonaerense . La Federación participó en la creación de la CGT en 1930. Con el peronismo, a partir de 1945, el gremio se expandió y modernizó. En 1967, con la conducción de Ongaro, nació la CGT de los Argentinos, símbolo de la resistencia a Onganía. La Federación , transformada en la década de 1970 en Sindicato Gráfico Argentino, sufrió la intervención y luego el impacto de la última dictadura militar, con su secuela de desaparecidos.

Miles de personas acompañaron el féretro de Ortega Peña hasta la Chacarita, donde fueron reprimidos por la policía.

LOS RESPONSABLES

“Pasados algunos meses, el subcomisario de la Policía Federal Rodolfo Eduardo Almirón frecuentaba un local de moda en Madrid en la calle Fuencarral que se llamaba Drugstore, a pocos metros de la Glorieta de Bilbao. Allí se ufanaba de haber sido ejecutor del asesinato de Ortega Peña. A quien lo quisiera escuchar, decía sin temor que él lo había matado.

Cuando comenzó a llegar el exilio provocado por la dictadura militar de 1976, Almirón desapareció de los lugares públicos. Hasta que fue descubierto y denunciado en 1981, como jefe de la custodia del ex ministro de Franco Manuel Fraga Iribarne.

Cambio 16, la revista progresista española de ese momento, y Diario 16 de la misma editorial, le dedicaron grandes titulares y varias tapas, por lo que Almirón tuvo que sumergirse nuevamente” (2)

A Rodolfo Ortega Peña lo asesinó la Triple A. Su cuerpo fue llevado a la comisaría 15 donde estaba el comisario Alberto Villar.

Por los testimonios del ex policía Rodolfo Peregrino Fernández, -un “arrepentido” que desde el golpe del 76 había estado al lado del Ministro del Interior del Proceso Militar, Gral. Albano Harguindeguy- este ex oficial describió cómo funcionaba la estructura de la Triple A (otro testimonio proviene de Paino (3) : "La organización de la Triple A me la. encomendó a mí el señor Jorge Conti, asesor de prensa del Ministerio de Bienestar Social. La Triple A la manejaba el ministro José López Rega, pero su responsabilidad es relativa. También la manejaban sus asesores y sus enlaces. El día 3 de marzo de 1974, el señor Conti me entregó un cheque de dos millones de pesos contra Banco Nación, sucursal Bartolomé Mitre y Callao -el cheque era de Sucesos Argentinos-, y me dijo que cobrara ese dinero y que lo guardara- porque tenía que organizar un grupo para una operación comando. El 20 del mismo mes me entregó otro cheque, de tres millones, de Honegger y Compañía, la imprenta que editaba la revista Las Bases. El cheque era contra Banco Shaw, sucursal Congreso. El señor Conti me dijo que ese cheque era para pagarle a un grupo armado que tenía que matar al diputado Rodolfo Ortega Peña y al abogado Antonio Tomás Hernandez, vicepresidente de la empresa Dicon (Canal 11)” (4) Esta declaración la realizaba e l día 12 de febrero de 1976, en la cárcel de Villa Devoto, un detenido de nombre Salvador Horacio Paino, de 50 años. Declaró ante la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados

Buenos Aires y los jóvenes no pueden recordar a Rodolfo Ortega Peña tan sólo por una plazoleta que lleva su nombre (sobre Av. 9 de julio), y que hace referencia al lugar donde lo mataron. Hay que revalorizar su pensamiento, su acción, su personalidad,. Silenciada la memoria por el olvido que se impuso por decreto desde el proceso militar hasta su continuación en las presidencias de Menem y De la Rua, y con la complicidad del tiempo -que cumple con la labor de enterrar, de sepultar, de acercar el olvido- y porque la acción de ambas cosas lleva a ignorar quiénes fueron, qué hicieron, por qué y en qué se comprometieron y en ello se jugaron la vida para darle vida a la tierra que hoy pisamos, a la historia que vivimos.

Con respecto a la organización terrorista para-estatal, la Triple A , conviene recordar que el soporte de su accionar se basó en la utilización de asesinos como Rodolfo Almirón , ahora descubierto en una localidad cercana a Valencia, en España, a través de una investigación periodística publicada por el diario "El Mundo".

El regreso de Perón al poder no fue prende de paz. Se sucedieron entonces asesinatos como el de Constantino Razzetti, “ la invasión a Villa Constitución financiada por los empresarios de la ciudad, entre otros José Martínez de Hoz y Arturo Acevedo. De hecho, los grandes empresarios apoyaron la formación de estos grupos de tareas y lo siguieron haciendo durante el terrorismo de estado; la información en torno a la militancia social, gremial y política ya venía acumulándose desde los años sesenta; los integrantes de las patotas irregulares de principios de los setenta luego se fusionaron a través del Batallón 601 de inteligencia; y el eje de la producción de torturas, información y secuestros fueron los archivos de la Policía Federal Argentina que, increíblemente, no tiene ningún imputado en la justicia federal santafesina”. Hay que recordar quién fue Rodolfo Ortega Peña. Conviene recordar los nombres y las caras de los asesinos.

LQS. Fuenteovejuna. Febrero 2007
http://www.loquesomos.org/lacalle/memoria/OrtegaPena.htm


(1) http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-78493-2007-01-02.html - Rodolfo Ortega Peña: relato de los hechos, por Marcelo Duhalde.

(2) http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-78493-2007-01-02.html op.cit.

(3) http://www.magicasruinas.com.ar/revdesto062.htm en el círculo Salvador Horacio Paino.

(4) http://www.magicasruinas.com.ar/revdesto062.htm
FOTO: http://www.desaparecidos.org/arg/victimas/o/ortegar/

2 comentarios:

Juan Ignacio Blando dijo...

muy buen relato, la verdad que no conocía a Rodolfo Ortega Peña pero el relato me resulta tan familiar, es impresionante como se repite en la historia argentina, desde la represión en su entierro como a principios de siglo, hasta el detalle que lo entregó un taxista parece que la historia una vez más vuelve a explicar porque escuchan tanto al negro Oro los tacheros.

Cuanto más que una plazoleta merece la gente que lucho por este país, pero pareciera ser que recordarlos es volver al pasado y eso ya fue, no podes vivir pensando en el pasado, es un error. Esperemos que alguna vez dejemos de ser tan estupidos los argentinos porque después para quejarnos todos levantamos las manos y nos lamentamos, pero cuando hay que votar volvemos al clásico siganme no los voy a defraudar.

un abrazo

Martín LatinoameriKano dijo...

Impresionante relato, me pasa lo que a Juan, apenas conozco sobre Ortega Peña pero la historia se repite una y otra vez en nuestra historia.

Como dijo Cristina, hoy los fusilamientos son mediàticos... pero que los hay, los hay.

Salutes.